PSICOLOGÍA

¿No puedes dejar de hacer doomscrolling? Así puedes recuperar el control de tu consumo digital

Una mujer tumbada de lado en un sofá y apoyando la cabeza en un cojín mira su smartphone con una expresión abatida y cansada mientras hace doomscrolling.

El doomscrolling tiene una hora favorita: la noche, cuando el silencio llena la habitación y lo único que brilla es la pantalla de tu teléfono. Buscas una última noticia, pero un video impactante te lleva a otro, un reel gracioso a un TikTok, y así hasta que pierdes la cuenta. Caes en un ciclo de noticias desalentadoras, discusiones ajenas y contenido trivial que, sin que lo decidas, te mantiene pegado al celular mucho más tiempo del que quisieras.

Para los estrategas de contenido o profesionales de la comunicación, este "desplazamiento infinito" no es solo una distracción, sino un riesgo que nubla el criterio, incluso la creatividad.

Aprender a gestionar este impulso no es solo una cuestión de bienestar, sino una habilidad crítica para mantener el enfoque y la claridad mental en un entorno que nunca descansa. En este artículo, exploraremos qué es este comportamiento, cómo afecta a las personas y qué pasos dar para recuperar el equilibrio.

¿Qué es el doomscrolling?

El término surge de la combinación de doom (fatalidad) y scrolling (desplazamiento). Describe la tendencia de navegar incesantemente a través de un flujo infinito de contenido polémico o entretenido.

Aunque nace de un deseo legítimo por mantenerse informado, este hábito suele transformarse en una dinámica de consumo por inercia. Se convierte en una respuesta automática ante el aburrimiento donde el "swipe" continuo nos mantiene atrapados en la pantalla, incluso ante estímulos neutrales o chistes fáciles que no aportan valor real.

En el consumo mediático actual, la línea entre la actualización y el agobio es casi invisible. Los algoritmos captan nuestra atención mediante contenidos que refuerzan temores y generan un círculo vicioso. El usuario intenta aliviar su incertidumbre con más información, pero esto solo eleva la tensión emocional.

El riesgo de perder el criterio

El riesgo no es solo emocional, también es técnico: un estudio publicado en la revista Health Communication reveló que el 16.5% de las personas muestran signos de un consumo de noticias "severamente problemático", lo que deriva en mayores niveles de estrés, ansiedad y fatiga física.

Para un experto en medios, caer en este consumo compulsivo significa perder la facultad de jerarquizar temas con valor real. Además, investigaciones de la Universidad de Stanford señalan que las publicaciones con carga negativa tienen un 2.3% más de probabilidades de recibir clics por cada palabra negativa añadida al titular, lo que alimenta un ecosistema de "afectación tóxica".

Mantener una voz activa frente a la pantalla permite desarrollar una postura crítica ante este sensacionalismo. Entender el doomscrolling garantiza que el profesional pueda filtrar datos con objetividad y ofrecer un ángulo diferenciado, evitando ser una víctima más de los algoritmos de compromiso extremo.

Señales de alerta para evitar caer en el sensacionalismo

Trabajar bajo la presión del "último momento" facilita el desarrollo de conductas digitales dañinas. Algunas señales de alerta incluyen:

  • Hipervigilancia: revisar notificaciones incluso sin alertas activas.
  • Agotamiento cognitivo: disminución de la concentración tras periodos largos de consumo de malas noticias.
  • Ansiedad y fatiga: manifestaciones físicas como tensión muscular o alteraciones del sueño.
  • Visión distorsionada: creer que el entorno es exclusivamente peligroso o negativo.

¿Qué es la gestión de la información?

Es el proceso de organizar, filtrar y analizar el flujo de datos que recibimos para transformarlos en conocimiento útil. No se trata solo de acumular noticias, sino de aplicar un criterio selectivo que nos permita diferenciar lo relevante.

Para un profesional de la Licenciatura en Comunicación, Relaciones Públicas, Protocolo y Eventos, esta disciplina es la base para construir narrativas sólidas y gestionar la reputación de marcas u organizaciones con precisión. Dominar este flujo permite que el comunicador lidere estrategias efectivas, asegurando que cada mensaje emitido aporte valor real, manteniendo la coherencia en un ecosistema mediático saturado.

Estrategias de consumo consciente en redes

Para mitigar estos efectos, es necesario aplicar un consumo consciente mediante acciones concretas:

  • Monitorea tu comportamiento: utiliza temporizadores para limitar el uso de redes a intervalos de 15 minutos.
  • Identifica disparadores: reflexiona si usas el móvil por curiosidad profesional o para evadir el estrés.
  • Configura tu dispositivo: activar la escala de grises reduce los estímulos visuales y hace el deslizamiento menos adictivo.
  • Busca narrativas con propósito: transforma el consumo pasivo en una observación consciente, analizando críticamente cómo los mensajes influyen en tu percepción antes de integrarlos a tu criterio profesional.

Formarse en programas como el Diplomado en Generación de Contenido y Storytelling para Medios Digitales ayuda a enfocarse en historias de valor, lejos del contenido tóxico.

El arte de filtrar el consumo mediático

Ante el consumo de contenido diario, el comunicador moderno debe actuar como un curador experto, alguien capaz de rescatar lo valioso del ruido mediático y transitar de una "escucha automática" hacia una presencia consciente que blinde su criterio profesional.

Integrar prácticas de atención plena permite romper el ciclo adictivo del scrolling al reconocer la verdadera intención detrás de cada clic. Al transformar la reacción impulsiva en una respuesta reflexiva, se logra una comunicación mucho más sólida y humana.

Si buscas dominar esta transición entre el análisis técnico y la ejecución estratégica, en la Licenciatura en Comunicación Ejecutiva Audiovisual puedes encontrar un espacio donde se aprende a producir y consumir mensajes con un profundo sentido ético y profesional.

Más allá de la teoría, existen tácticas inmediatas: silenciar conceptos que disparan el sesgo de negatividad y establecer "santuarios analógicos" para proteger la higiene mental. Al final, cultivar una relación saludable con la tecnología no solo mejora tu bienestar personal, sino que te posiciona como un líder capaz de elevar el nivel de la conversación digital con responsabilidad y propósito.


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