ARTES Y HUMANIDADES

Héctor Moreno: veinte años jugando y una licenciatura para lo que viene después

Primer plano del jugador Héctor Moreno sonriendo en un entorno de oficina.

Héctor Moreno sabe lo que cuesta llegar: cinco países, veinte años de carrera, más una licenciatura terminada. El exdefensa michoacano, campeón del mundo sub-17 en 2005, y uno de los pilares de la Selección Mexicana durante más de una década, habla de su historia como un proceso largo, de silencio, de duda, que terminó convirtiéndolo en la persona que es hoy.

Su trayectoria deja una certeza, que el futbol y la vida se parecen, con una diferencia: la vida no tiene medio tiempo.

Tuve un blackout. La emoción fue tan grande que me quedé completamente en blanco.

¿Cuáles son los momentos que más te marcaron como futbolista?

Si te soy cien por ciento sincero, la sensación que viví en ese momento, cuando fuimos campeones del mundo, no la recuerdo porque tengo un blackout en la cabeza. Trato de recordar y a veces veo imágenes, y me pregunto: ¿realmente estaba yo haciendo eso? La emoción fue tan grande que me quedé completamente en blanco. Pero a partir de ahí sé que fue lo mejor y lo más importante que me ha pasado dentro de mi carrera futbolística.

Porque gracias a que soy campeón del mundo, al volver a México ya jugando en Pumas (en fuerzas básicas) y justamente a la semana siguiente de ser campeones, Efraín Juárez y yo nos integramos al primer equipo. El entrenador en ese momento dijo: “Estos chavales son campeones del mundo, han demostrado que son capaces, van a entrar con nosotros”. Eso adelantó mucho mi proceso. Porque si hubiéramos llegado a la final sin ser campeones, creo que la mirada no habría sido la misma: estar en primera división, debutar a los dos meses y que después de ahí, afortunadamente, mi carrera fuera en ascenso.

Y académicamente, a través de ese campeonato, la Universidad Anáhuac también hizo el ofrecimiento a todos los que fuimos campeones: en el momento en que lo deseáramos nos iban a ayudar para concluir nuestros estudios. En ese momento no teníamos ni 17 años, pero más adelante tuve la fortuna de que la universidad se volvió parte de mi vida y me ayudó muchísimo en todo este proceso de formarme.

El partido que más recordaré será México contra Alemania en Rusia: ganamos 1-0.

Infografía de Anáhuac Online sobre la carrera académica del futbolista mexicano Héctor Moreno, egresado de la Licenciatura en Deporte y Bienestar.

¿Y el partido que más recordarás?

El partido que más recordaré será México contra Alemania en Rusia. Ganamos 1-0 con gol del Chucky. Alemania venía de ser campeón, tenía un equipazo. Nosotros llegábamos con muchas dudas, nadie apostaba por nosotros en ese torneo. Empezar de esa manera, derrotando al campeón y hacerlo como lo hicimos (algo súper planeado tácticamente, todo lo que sucedió en el partido fue trabajado), esa sensación como jugador fue de: “Guau, valió la pena todo el esfuerzo”.

El resultado al final se dio como queríamos: generar sinergia de confianza entre todos; la resiliencia, llegar con dudas y con todo el ruido del entorno alrededor de la Selección, desenfocarse de eso y hacer lo que sabes hacer de la mejor manera. Ese día fue el mejor día de mi vida en el futbol.

Nevaba. No quería ni salir al campo de lo frío que hacía.

¿Hubo un momento en que casi no llegas?

Hubo un momento muy claro en el que dije: ya no puedo más. Tenía 20 años y me fui a Holanda. Pumas ya me había fichado, había jugado unos 36 partidos en México como titular y prácticamente habitual en Selección; sentía que era alguien que había peleado por ganarse un lugar.

Al llegar a Holanda en enero, me mandaron a entrenar con el segundo equipo. El entrenador era muy exigente, creía mucho en su método: “Tú tienes que conocer mi forma de trabajar”. Y mis primeros tres meses fueron superdifíciles. Nevaba, no quería ni salir al campo de lo frío que hacía. Y cuando veía que no tenía posibilidad de debutar en un equipo donde pensé que me habían fichado ya como algo hecho, tener que volver a pasar por lo que viví en Pumas fue complicado.

Tuve la fortuna de que Carlos Salcido estaba ahí. Un día me dijo: “Hermano, no te preocupes. A mí me pasó exactamente lo mismo a los 29 años, tú tienes 20. Lo que sufres ahora, yo lo viví cuando ya estaba en Selección”. Ahí nuestra relación creció y me ayudó mucho hablar con él. Obviamente, también tuve el apoyo de mi familia para sostenerme. Creo que son momentos que tienes que pasar: experiencias, aprendizajes. Conforme fui jugando más, la alegría fue mucho mejor, porque sabía lo que había costado, lo que había sufrido en ese frío, sin jugar, entrenando con el segundo equipo cuando yo, en teoría, ya era jugador de primera división y de Selección Mexicana.

Mi esposa Irene me hizo darme cuenta de que tenía que convertirme en ese jugador las 24 horas, los siete días.

¿Qué precio tuvo estar listo para los grandes momentos?

Fue mi esposa Irene quien me hizo darme cuenta de que tenía que convertirme en ese jugador las 24 horas, los siete días. Siempre fui profesional, respetuoso, cuidadoso, pero no tenía esos hábitos de alimentación al cien por ciento todos los días ni de descanso: terminar el entrenamiento, reposar, recuperar la siesta, porque el cuerpo hace un esfuerzo muy grande. A partir de ahí nació también mi hija mayor que ahora tiene nueve años.

A través de Irene aprendí que es importantísimo el apoyo que tienes alrededor. Uno podía llegar mucho más lejos si se cuidaba como tenía que hacerlo. El fútbol no termina cuando termina el entrenamiento, tienes que llevar ese estilo de vida constantemente. Y conforme fue creciendo la familia, las responsabilidades son más grandes, pero también te dan mucha más estructura.

No tienes que elegir entre tu deporte y tu carrera; puedes compaginarlas, son totalmente complementarias.

¿Qué sacrificios hiciste mientras jugabas?

No ha sido fácil, pero tampoco imposible. Lo más grande —algo que mucha gente supone pero que para mí en lo personal es lo más difícil— es perderte situaciones familiares: el nacimiento de mis hijos, muchos cumpleaños de mi esposa. Entiendo que son cosas a las que a lo mejor no se les da el valor requerido en el momento, pero cuando son muchas y constantes, sí que las extrañas. Y ahora disfruto inmensamente de estar ahí con ellos.

Siempre pensaba: "cuando me retire, mis hijos van a estar felices de que pueda ir a sus eventos escolares". ¡Y resulta que el más feliz soy yo! Ellos son felices, sí, pero ahora puedo tener esa presencia con ellos que antes no tenía, sin pensar en el entrenamiento de las ocho, en el partido importante, en los mil pendientes. Afortunadamente puedo tener esa tranquilidad.

Me retiré en diciembre y terminé la licenciatura en abril. Justo lo compaginé perfecto.

¿Por qué decidiste retomar los estudios al retirarte?

Siempre supe que algún día me retiraría y siempre quise estar preparado para ello. Por eso, al final de mi carrera — faltando unos tres o cuatro años para retirarme — empecé a estudiar.

Sinceramente, al principio piensas que no tienes tiempo y es totalmente mentira. Más que el tiempo, es la mentalidad: convencerte de que eres capaz. El deportista de alto rendimiento ya está preparado en disciplina, tolerancia, esfuerzo, capacidad de trabajar bajo presión, entrega de resultados. Todo eso se asemeja mucho a lo que haces en el futbol. Son cosas distintas, pero igualmente exigentes.

Me hubiera gustado empezar antes. Me retiré en diciembre y terminé la Licenciatura en Deporte y Bienestar en Anáhuac Online en abril. O sea, justo lo compaginé perfecto. Pero en el mundo ideal, ya hubiera tenido esa licenciatura y estaría ahora en otro grado, en otro ámbito. La licenciatura me ayudó a entender el deporte de una manera diferente: no solamente el rendimiento, sino también la importancia del deporte en el bienestar integral, la psicología, el entorno. Mientras jugaba y estudiaba, los conocimientos me daban herramientas para entender lo que vivía de una manera más académica.

Ahora me gustaría hacer un diplomado en gestión de empresas, porque afortunadamente la carrera nos ha dado patrimonio, inversiones y quiero entender y saber. Quiero adentrarme más en eso.

Es difícil, pero creo que estas oportunidades que dan universidades como Anáhuac Online —la flexibilidad de poder estudiar en cualquier parte del mundo donde estuviera y avanzar a mi ritmo— fueron fundamentales. Sin eso hubiera sido imposible. Es muy importante que existan ese tipo de programas, porque le dicen al deportista de alto rendimiento: no tienes que elegir entre tu deporte y tu carrera; puedes compaginarlas, son totalmente complementarias.

Se puede. A los 20, 21, 22 años… las facilidades que dan universidades como Anáhuac Online son superimportantes.

¿Qué le dirías a los jóvenes deportistas que quieren prepararse académicamente?

Se puede. A los 20, 21, 22 años —y cada vez veo más compañeros interesados en esto— las facilidades que dan ahora universidades como Anáhuac Online para estudiar de manera remota son súper importantes. La preparación académica y personal es fundamental para seguir creciendo, porque queda media vida por delante.

Nosotros como atletas de alto rendimiento dedicamos 15 o 20 años —yo tuve la suerte de tener 20 años de carrera—, pero después de eso vienen 30 o 40 años de vida profesional. Si no tienes una buena preparación académica, va a ser muy difícil, por más que hayas logrado lo que hayas logrado. Quiero seguir preparándome para estar bien capacitado para lo que decida hacer, para poder ayudar a mi familia de la mejor manera, para ayudar a mis compañeros más jóvenes. Eso es lo que más me gusta transmitir.


La historia de Héctor Moreno muestra que el éxito no se construye sólo con victorias. También depende de cómo se enfrentan los cambios de rumbo, las dudas y el momento de empezar de nuevo. Después de veinte años en el fútbol, concluir su licenciatura no significó cerrar una etapa, sino abrirse camino hacia nuevos retos.

En Anáhuac Online puedes seguir aprendiendo sin poner en pausa tus responsabilidades ni los proyectos que ya has construido. Explora nuestra oferta académica y convierte tu experiencia en el punto de partida de lo que sigue.

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