DESARROLLO PERSONAL Y PROFESIONAL

Randal Willars: la vida es un salto, te lanzas o te paralizas

El clavadista mexicano Randal Willars durante una entrevista vistiendo la chamarra oficial de México con el escudo de la bandera nacional.

A diez metros sobre el agua, Randal Willars todavía se pregunta qué está haciendo allí. Lleva años entrenando, conoce cada movimiento y sabe que su cuerpo responderá, pero el miedo no desaparece por completo. Lo que cambia es la forma de enfrentarlo.

Su trayectoria se ha construido con jornadas de hasta siete horas, lesiones, competencias y una decisión tomada a los nueve años: dejar Baja California para concentrarse en la Ciudad de México. Desde entonces aprendió que avanzar no siempre significa sentirse listo, sino actuar a pesar de la duda.

Esa misma disciplina también guía su formación académica. Mientras continúa su carrera deportiva, estudia en Anáhuac Online. Para él, prepararse no es un plan opcional: es otra manera de seguir creciendo y de estar listo para lo que venga después de los clavados.

El miedo también me da valentía para desafiarme todos los días.

¿Qué se siente estar a diez metros de altura?

Aunque llevo años haciéndolo, cada vez que subo a la plataforma existe un desafío. Hay momentos en los que pienso qué estoy haciendo allí, cuando podría estar realizando otras cosas. Pero también recuerdo que es lo que me gusta y lo que amo.

El miedo forma parte del clavado. Antes de saltar pueden aparecer pensamientos como “¿y si no puedo girar?” o “¿y si no completo las vueltas?”. Durante unos segundos tienes que decidir. Después te lanzas y el cuerpo conecta con todo lo que ha practicado.

Esa sensación me da cierta valentía. Me permite desafiarme en cada entrenamiento y en cada competencia y hacer algo que muy pocas personas pueden realizar. No se trata de no sentir miedo, sino de reconocerlo y ejecutar de todos modos.

Nunca supe cuál iba a ser el último clavado de mi carrera.

¿Cómo cambió tu carrera después de la pandemia?

Antes de la pandemia gané un selectivo para los Juegos Olímpicos. La competencia fue en marzo y, poco después, se anunció la suspensión de actividades. Durante meses no sabíamos si los Juegos se realizarían y pasamos casi medio año sin ejecutar un solo clavado.

Seguí entrenando y cuando se reanudaron las competencias regresamos prácticamente desde cero. Después aparecieron tres hernias en la espalda y ya no pude completar el proceso rumbo a Tokio. Perder esa oportunidad también significó quedarme sin beca y comenzar a pensar qué iba a hacer si mi vida dejaba de depender del deporte.

En ese momento sentí que mi carrera había terminado. Me alejé de las competencias y participé en un programa de televisión que me permitió desconectarme: no tenía teléfono, televisión ni contacto con lo que estaba ocurriendo afuera. Ese espacio me ayudó a aceptar lo que había pasado.

Hay días en los que la motivación no alcanza, ahí entra la disciplina.

¿Qué te impulsa cuando ya no tienes ganas de entrenar?

El sueño y la meta son muy claros pero la motivación no siempre es suficiente. Hay días en los que estoy cansado, no quiero entrenar o simplemente no se me antoja estar en la alberca.

En esos momentos aparece la disciplina. Entreno porque es algo que me propuse y porque sé que un resultado no se construye únicamente en los días buenos. La disciplina consiste en hacer lo necesario incluso cuando las ganas no acompañan.

El deporte de alto rendimiento lleva al cuerpo al límite de manera constante. Probablemente hay más días en los que cuesta empezar que días en los que todo se siente sencillo. La mentalidad es lo que permite sostener el proceso.

Veo lo que he entrenado y recuerdo que claro que puedo.

¿Cómo recuperas la confianza cuando aparecen las dudas?

Las dudas pueden aparecer en cualquier deportista: si voy a lograrlo, si soy suficientemente bueno o si podré completar un clavado. Yo trato de mirar en retrospectiva y revisar lo que ya hice, cuánto he entrenado y qué resultados he conseguido.

Ese recorrido tiene más peso que un pensamiento momentáneo. Cuando recuerdo todo el trabajo acumulado, puedo decirme que no tengo por qué dudar y que llevo toda la vida preparándome para responder.

La confianza no surge de pensar que nada puede salir mal, se construye al saber que practicamos, corregimos y repetimos hasta que el cuerpo está listo. Por eso, incluso en un clavado de alta dificultad, llega un momento en el que sé que puedo hacerlo.

A los nueve años dejé mi casa para concentrarme en la Ciudad de México.

¿Cuál ha sido el salto más difícil fuera de la plataforma?

Desde niño tuve muy claro lo que quería. A los nueve años tomé la decisión de dejar Baja California e irme a una concentración en la Ciudad de México; eso significó separarme de mi familia, mis amigos y la vida que conocía para dedicarme de lleno al deporte.

Ahora puedo decir que valió la pena, pero no fue una decisión sencilla. Crecer lejos de mis padres y vivir durante tanto tiempo en una villa deportiva también implica aprender a manejar muchas situaciones solo.

La distancia pesa especialmente cuando estoy lesionado, tengo miedo de hacer un clavado o las cosas no están saliendo bien. En esos momentos quisiera buscar el cobijo de mi casa o de mi familia, pero también he aprendido a resistir y ser perseverante.

El descanso también forma parte del entrenamiento.

Infografía de Anáhuac Online sobre la carrera académica de Randal Willars, clavadista de 10 m y estudiante de Ingeniería Industrial e Innovación Tecnológica

¿La constancia significa no detenerse nunca?

El éxito no se construye en un día, en un año ni en dos: es un trabajo cotidiano de constancia, disciplina y superación. Sin embargo, también he entendido que las pausas son necesarias.

En el deporte, descansar permite recuperar el cuerpo y la mente. Cuando uno está saturado, soltar por un momento también forma parte del entrenamiento. No significa abandonar la meta, sino volver con más fuerza, motivación y claridad.

Mi semana puede incluir jornadas de cuatro horas o dobles sesiones de hasta seis y media o siete horas. Por eso necesito reconocer cuándo debo exigirle más al cuerpo y cuándo corresponde recuperarlo. La disciplina también consiste en respetar ese equilibrio.

Nunca fue opción dejar de estudiar o no tener una carrera.

¿Cómo combinas tu carrera deportiva con la universidad?

Mis padres me inculcaron desde niño que tenía que estudiar y estar preparado. El deporte no dura para siempre y, aunque después del retiro continúe involucrado como entrenador, directivo o en un proyecto personal, necesito herramientas para la siguiente etapa.

Combinar ambas responsabilidades exige organizar el tiempo. A veces dispongo de una o dos horas al día; otras veces aprovecho los domingos, cuando no entreno, para concentrarme en las materias, las tareas y los trabajos pendientes.

El mayor enemigo es postergar. Cuando una persona estudia y entrena al mismo tiempo, decir “mañana lo hago” puede acumular actividades muy rápido. Por eso procuro usar los espacios disponibles y avanzar incluso si no tengo una jornada completa para estudiar.

Elegí una carrera que pudiera abrirme distintos caminos.

¿Qué estudias y por qué elegiste esa carrera?

Actualmente estudio la Ingeniería Industrial e Innovación Tecnológica en Anáhuac Online. Es una carrera que siempre me interesó y que considero muy completa.

Cuando comencé todavía no tenía claro a qué quería dedicarme en el futuro, porque los clavados habían ocupado gran parte de mi vida. Busqué una opción que me gustara y que, al mismo tiempo, me diera herramientas para desarrollarme en diferentes áreas y empleos.

La ingeniería me permite prepararme sin cerrar posibilidades. Ya me faltan pocas materias para terminar y también he comenzado a revisar opciones de maestría, aunque todavía no he decidido cuál cursar.

Nunca se deja de aprender, ni en la escuela, ni en la vida, ni en el deporte.

¿Qué significa para ti continuar aprendiendo?

Mientras más aprendo, más consciente soy de todo lo que todavía no sé. Lejos de desanimarme, eso me motiva a buscar nuevos retos y metas.

Aprender mantiene viva la pasión por lo que hago. En el deporte siempre existe un movimiento por perfeccionar, una corrección por aplicar o una experiencia que puede ayudarme a competir mejor. En la escuela ocurre algo parecido: cada materia abre una forma distinta de analizar y resolver problemas.

Para mí, crecer académicamente no compite con los clavados. Ambas áreas se complementan porque me obligan a organizarme, pensar a largo plazo y no depender únicamente de lo que ocurra en una competencia.

Las lesiones son de las situaciones más difíciles para un deportista.

¿Qué parte del alto rendimiento casi no se ve?

La gente puede verme en la plataforma, ganando o perdiendo una medalla, pero no siempre observa lo que ocurre cuando estoy solo, lesionado o atravesando un periodo en el que los resultados no llegan.

Una lesión es especialmente complicada porque impide hacer aquello para lo que me preparo. Aunque tenga todas las ganas, no existe otra opción que detenerme, descansar y esperar a que el cuerpo se recupere.

También hay un esfuerzo emocional en vivir lejos de la familia y sostener la rutina cuando uno quisiera estar en casa. Esos momentos no siempre aparecen en una competencia, pero forman parte del crecimiento y de la perseverancia que exige el deporte.

El momento perfecto no llega: tienes que crearlo con tus acciones.

¿Qué estás construyendo además de una carrera deportiva?

Estoy construyendo mi crecimiento personal. La gente puede ver una medalla o una posición, pero solo yo sé qué he hecho para llegar hasta allí y qué aspectos todavía necesito trabajar.

También quiero construir una vida plena fuera del entrenamiento: terminar mi carrera, formar un patrimonio, compartir tiempo con las personas que quiero y desarrollar proyectos personales. Cuando estoy bien en esas áreas, las cosas en el deporte también funcionan mejor.

No espero a que todas las condiciones sean perfectas porque ese momento rara vez llega. Trato de crear las circunstancias mediante el trabajo, las decisiones y las personas con las que me rodeo. Actuar es lo que permite acercarse a un objetivo.

No dejes que nada ni nadie te robe tus sueños, incluyendo tú mismo.

¿Qué consejo compartirías con quienes quieren dedicarse al deporte?

Les diría que el deporte es impredecible. Una persona puede encontrarse en su mejor momento y después enfrentar una lesión, un cambio externo o una situación que no estaba en sus planes.

Por eso es importante prepararse también académicamente. Estudiar no significa dejar de perseguir una meta deportiva: significa contar con más herramientas para responder cuando llegue el retiro o cuando la vida cambie de dirección.

También les diría que escuchen. Muchas personas cercanas ya atravesaron procesos parecidos y pueden compartir consejos valiosos. Yo aprendí varias cosas a la mala; quizá habría llegado al mismo lugar, pero con menos obstáculos, si hubiera escuchado más desde joven.

La vida es un salto: te lanzas o te paralizas.

¿Qué significa dar un salto de fe dentro y fuera del agua?

En la plataforma pesan la altura, el vértigo y la presión. Allí se descubre de qué estás hecho: subes, te plantas y decides lanzarte. La preparación no elimina todos los riesgos, pero te permite responder cuando llega el momento de actuar.

En la vida ocurre algo similar. Puedes dar un salto de fe para buscar aquello que quieres o quedarte inmóvil esperando una certeza que quizá nunca aparezca.


Para Randal, lanzarse no significa actuar sin preparación, sino confiar en los pasos medidos, el entrenamiento y el trabajo acumulado.

La carrera de Randal no se construye únicamente en el aire. También avanza cuando estudia entre sesiones, aprovecha un domingo para cumplir con una materia y se prepara para un futuro que todavía no tiene una forma definitiva.

El clavado dura unos segundos, la preparación continúa después de entrar al agua; por eso, el siguiente salto puede ser deportivo, académico o personal. Lo importante es no permitir que el miedo, la duda o uno mismo terminen robando el sueño antes de intentarlo.

Conoce la modalidad flexible para continuar tu formación sin salirte de la pista que tenemos para ti.

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