
Oribe Peralta sabe lo que es marcar un gol que queda en la memoria de un país. Lo hizo en Londres 2012 y también durante Brasil 2014. Para él, esos momentos son invaluables, porque le confirmaron que iba “bien encaminado” hacia lo que quería lograr.
Hoy, con su etapa como futbolista cerrada, Peralta mira hacia otro lugar del deporte: la dirección técnica. Por eso estudia en línea, ajustando sus tiempos entre la vida familiar y una experiencia profesional que todavía tiene mucho que aportar fuera de la cancha.
En su historia aparece una idea que atraviesa todo: trascender no es sólo ganar; también es prepararse, sostenerse en los momentos difíciles y construir un camino propio incluso después del retiro.
Los considero muy por encima de los títulos. En 1994, cuando se jugaba el Mundial, me inspiró mucho el gol de Luis García. Años después, en Brasil 2014, yo pude anotar en un Mundial. Ese fue un momento muy importante porque pude hacer realidad un sueño de niño por el que había luchado mucho.
También está el gol en la final de los Juegos Olímpicos de 2012, un partido que marcó a todo México. Y el gol que anoté en una final con Santos Laguna. Desde niño pensaba: “yo quiero hacer eso, quiero meter un gol algún día y ganar un campeonato”. Poder conseguirlo hizo que esos momentos fueran más importantes que cualquier título.
Tengo dos muy claros, y los dos ocurrieron en el mismo estadio. Fallé dos jugadas muy similares: una con América, en una final, y otra con Chivas. Fueron ocasiones que pudieron haber cambiado el partido y no terminaron en gol. Cuando practicas un deporte, te acostumbras al error. Sabes que no siempre vas a ganar y que muchas veces la equivocación también te define.
En mi caso, la tarea era quitarle peso al error, porque nadie quiere fallar, pero ocurre: por falta de concentración, por el estado del campo o por muchos otros factores.
Lo más sano es generar memoria de pez. La siguiente jugada ya es otra jugada. Cuando te quedas pensando en lo que pasó, dejas de ver lo que viene. Como delantero, yo intentaba programarme así: si no la hago en esta, viene una más. No puedes quedarte atrapado en lo que ya hiciste; tienes que ir más allá.
Fue mucho antes de debutar en primera división. Me fracturé la tibia a los 17 años y prácticamente pasé todo ese año entre recuperación, rehabilitación y el intento de volver al cien por ciento.
Cuando regresé a entrenar, mi cabeza estaba llena de contradicciones. Mis papás gastaban dinero que no teníamos en pasajes, medicamentos y recuperación. Además, estaba esa voz interna diciéndome que ya no iba a estar al nivel de antes.
También escuchaba a gente de mi lugar decir que no iba a poder, porque muchos ya lo habían intentado y no lo habían logrado. Pero hubo algo muy importante: tiempo después supe que mi papá había hablado con los entrenadores para que insistieran, me prepararan mejor y me ayudaran a sacar esos pensamientos de la cabeza.
Mi papá me hizo entender que esa incomodidad era exactamente la que tenía que abrazar. Salir de la comodidad te lleva a lugares que pocas veces imaginas.
Antes de los Juegos Olímpicos de 2012, venía de jugar una final con Santos Laguna y terminé lesionado. Ya tenía vacaciones planeadas con mi esposa e hijos, pero apareció la posibilidad de ser convocado a la selección.
No había nada seguro. Aun así, decidí dejar de lado las vacaciones para rehabilitarme y llegar al cien por ciento si la oportunidad se presentaba. Esa decisión resume una parte importante de mi carrera: prepararme incluso cuando nadie puede garantizar el resultado.
El esfuerzo es lo único que depende completamente del jugador. El resultado puede estar condicionado por muchos factores, pero la preparación, la entrega y la disciplina sí están bajo control propio.
El núcleo familiar que tengo es de mucha inspiración y mucha exigencia. Cuando me retiré, mi mamá me dijo: “Oribe, ¿ahora qué sigue? ¿Ya vas a terminar la universidad?”. Y me hizo mucho sentido.
Encontré algo que me gustó y que creo que se puede llevar bien con toda la experiencia que adquirí en el deporte. Hoy existen muchas herramientas que antes no había, y eso es algo que intento transmitirles a los jóvenes: puedes estudiar en línea y hacerlo de una forma mucho más práctica.
Pero también exige salir de la zona de confort. Si quieres cambiar tu vida, tienes que hacer cosas diferentes. No puedes querer resultados distintos sin cambiar nada de lo que haces.
Llevo entre año y medio y dos años estudiando, y ha sido un reto genuino. Retomar la universidad después de tanto tiempo te saca de la zona de confort: hay términos que no entiendes, ritmos que no reconoces y hábitos que tienes que volver a construir.
Aun así, creo que estos conocimientos, sumados a la experiencia deportiva, serán un gran complemento para lo que quiero hacer en el futuro.
En algún momento me gustaría ser director deportivo de un equipo o director de fuerzas básicas. Necesito herramientas para administrar mejor todos los recursos que ofrece el fútbol y complementar lo que ya aprendí como jugador.
Cuando me retiré, entré en una dinámica que no conocía. Durante un tiempo me perdí, hasta que entendí que tenía que estar listo para cuando llegara la oportunidad.
Un entrenador me dijo algo que me dejó marcado: “Oribe, no puedes culparte porque no estás jugando hoy. Pero si llega la oportunidad y tú no estás preparado, ahí sí va a ser tu culpa”. Eso aplica igual para el campo que para el salón de clases.
Que sean más valientes. Es mucho mejor decir “lo intenté y di todo para alcanzar lo que quería”, aunque no lo hayas logrado, porque la satisfacción es una de las cosas más grandes a las que puedes aspirar en cualquier área de la vida.
Hay partidos que ganábamos y yo salía insatisfecho porque no había corrido lo que tenía que correr o había fallado una ocasión clara. Y había otros partidos que perdíamos, pero yo salía fundidísimo porque había dado todo. El esfuerzo es lo que depende de ti; el resultado depende de muchos otros factores.
También les diría algo que le dije a mi hijo: el fútbol tiene algo muy bonito; puedes ser profesional en eso o, con el fútbol, hacerte profesional en otra cosa. El deporte puede abrirte puertas, darte acceso a becas y ayudarte a prepararte en una universidad. Ese esfuerzo se convierte en capital: darlo todo en un deporte y que eso también te permita estudiar. Es un plus que los jóvenes tienen que aprovechar.
La historia de Oribe Peralta recuerda que, a veces, la vida profesional solo cambia de cancha; lo que antes se aprendía en el entrenamiento, en la competencia o frente al error, después puede transformarse en nuevas decisiones, proyectos y formas de liderazgo.
Prepararse también es reconocer los obstáculos, aprender de lo vivido y construir herramientas para estar listo cuando llegue una nueva oportunidad. En Anáhuac Online, puedes seguir formándote sin detener tus metas y avanzar hacia la siguiente etapa de tu camino profesional. Conoce nuestra oferta académica.
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