DESARROLLO PERSONAL Y PROFESIONAL

Jahir Ocampo: el entrenamiento nunca termina porque la vida sigue

Erick Portillo, clavadista mexicano, observa una piscina techada en un recinto deportivo profesional.

Jahir Ocampo no recuerda su trayectoria como una línea recta. Hubo clavados calificados con dieces, una puntuación que todavía conserva como uno de sus mejores momentos y una lesión que, después de la pandemia, lo dejó fuera de los Juegos Olímpicos de Tokio. También hubo un regreso, una nueva función como entrenador y un cambio inesperado hacia la dirección deportiva.

Durante años, su responsabilidad consistió en entrenar, descansar, competir y buscar resultados. Hoy, como director del Centro Nacional de Desarrollo de Talentos Deportivos y Alto Rendimiento (CNAR), su trabajo incluye procurar que otros atletas cuenten con instalaciones, servicios y condiciones adecuadas para concentrarse en su preparación.

La transición le ha exigido aprender sobre administración, comunicación, psicología, nutrición y liderazgo. Por eso continúa estudiando. Su experiencia muestra que retirarse de una competencia no significa dejar de entrenarse para lo que sigue.

No cambiaría uno de mis mejores clavados.

Si pudieras volver a un clavado, ¿cuál elegirías?

Volvería a una competencia en Canadá, en un Grand Prix. Hice 527 puntos en el trampolín de tres metros, fue una de las puntuaciones más altas de mi carrera. En el clavado de cuatro vueltas y media al frente recibí alrededor de 105 puntos.

No lo cambiaría porque fue uno de esos momentos en los que todo se conecta: el entrenamiento, la concentración y la ejecución. Un clavado de dieces no ocurre solamente durante los segundos que estás en el aire, detrás hay años de repeticiones.

Nunca supe cuál iba a ser el último clavado de mi carrera.

¿Cómo cambió tu carrera después de la pandemia?

Antes de la pandemia gané un selectivo para los Juegos Olímpicos. La competencia fue en marzo y, poco después, se anunció la suspensión de actividades. Durante meses no sabíamos si los Juegos se realizarían y pasamos casi medio año sin ejecutar un solo clavado.

Seguí entrenando y cuando se reanudaron las competencias regresamos prácticamente desde cero. Después aparecieron tres hernias en la espalda y ya no pude completar el proceso rumbo a Tokio. Perder esa oportunidad también significó quedarme sin beca y comenzar a pensar qué iba a hacer si mi vida dejaba de depender del deporte.

En ese momento sentí que mi carrera había terminado. Me alejé de las competencias y participé en un programa de televisión que me permitió desconectarme: no tenía teléfono, televisión ni contacto con lo que estaba ocurriendo afuera. Ese espacio me ayudó a aceptar lo que había pasado.

No quería que una lesión decidiera mi retiro.

¿Por qué decidiste regresar a los clavados?

Regresé porque, antes de la lesión, estaba en uno de mis mejores momentos deportivos. Sentía que todavía no había dado mi máximo y no quería retirarme debido a una lesión.

Volví a entrenar y realicé el proceso rumbo a París. No clasifiqué como atleta, pero viajé como parte de la selección, apoyé a mi entrenadora y asumí funciones de entrenador dentro del equipo. Esa experiencia me permitió seguir vinculado con la competencia desde otra posición.

Al regresar pensé que entrenaría un año más y después me retiraría en un campeonato mundial. Sin embargo, surgió la oportunidad de incorporarme a un proyecto de dirección deportiva. El cambio ocurrió muy rápido: no pude identificar un último clavado, porque las circunstancias me hicieron pasar directamente de la alberca a la gestión.

No tengo la palabra difícil en mi cabeza; la cambio por demandante.

¿Cuál ha sido el salto más difícil fuera de la alberca?

No suelo pensar que algo es difícil. Prefiero decir que es más demandante que otras cosas. Cuando cambio esa palabra, mi mente se pone alerta y empiezo a buscar qué necesito hacer para resolverlo.

Esa manera de actuar la aprendí de mis padres. De niño veía que mi papá encontraba la forma de sacarnos adelante, incluso en momentos en los que no tenía los recursos suficientes. Yo no conocía sus preocupaciones, solamente veía que se movía, resolvía y cumplía.

Lo más demandante para mí ha sido dejar a mi familia. Todo lo demás siento que puedo aprenderlo o enfrentarlo. La distancia pesa de una manera diferente porque no se resuelve con entrenamiento ni con una mejor ejecución.

Mi entrenador siempre me dijo: nunca dejes la escuela.

¿Por qué la formación académica siempre acompañó tu carrera?

Mis padres me enseñaron que no debía dejar la escuela y también tuve entrenadores que reforzaron esa idea. Iván Bautista fue mi entrenador desde los 5 hasta los 21 años. Cuando me fui a vivir a Guadalajara a los 15, él insistió en que continuara estudiando mientras entrenaba.

La modalidad online me permitió mantener ese desarrollo académico sin separarme del deporte. Poder organizar los horarios y estudiar desde distintos lugares fue fundamental en una trayectoria marcada por entrenamientos, concentraciones y viajes.

Entre más responsabilidad tengo, más necesito seguir aprendiendo.

¿Qué estás estudiando y cómo se relaciona con tu trabajo actual?

Como parte de esta actualización, actualmente curso el Diplomado en Nutrición, Fitness y Antiaging de Anáhuac Online. El programa aborda nutrición basada en evidencia, entrenamiento físico, suplementación responsable, hábitos y envejecimiento saludable, temas relacionados con el bienestar y el rendimiento a largo plazo.

En la dirección de un centro de alto rendimiento tengo que comprender distintas áreas. Veo asuntos administrativos y políticos, medios de comunicación, redes sociales, herramientas como Excel, comunicación efectiva, mindfulness, psicología y nutrición.

No significa que deba convertirme en especialista de todo, sino contar con mejores criterios para conversar con los equipos, entender sus necesidades y tomar decisiones. Entre más conocimiento tenga, mejor puedo orientar los recursos y coordinar a quienes sí son expertos en cada área.

Antes mi responsabilidad era competir y ganar; hoy los atletas dependen de mí.

¿Qué cambia al pasar de atleta a director del CNAR?

Como atleta, mi responsabilidad era estar bien: comer, descansar, entrenar, competir y ganar. Tenía una cama, un comedor, atención médica y espacios de entrenamiento. No tenía que pensar en todo lo que ocurría para que esos servicios estuvieran disponibles.

Como director, la responsabilidad es mucho mayor. Los atletas dependen de que la luz, el gas, el comedor, las instalaciones y las áreas de entrenamiento funcionen correctamente. También debo coordinar recursos públicos, apoyos de la iniciativa privada y relaciones con patrocinadores.

Esa función me obliga a evolucionar de manera constante. La experiencia como atleta me ayuda a reconocer lo que se necesita dentro de un centro de alto rendimiento, pero la experiencia por sí sola no basta. Necesito herramientas académicas y administrativas para convertir ese conocimiento en mejores decisiones.

Quiero que recuerden que pudieron entrenar mejor.

Infografía de Anáhuac Online sobre el exclavadista de 3 metros Jahir Ocampo. Detalla su carrera académica como estudiante del Diplomado en Nutrición Fitness y Antiaging.

¿Qué legado quieres dejar en los atletas?

No quiero que me recuerden por el puesto o por mi nombre. Quiero que, cuando piensen en esta etapa, puedan decir que tuvieron facilidades, que no les faltó lo necesario y que eso les permitió entrenar mejor y conseguir mejores resultados.

Yo viví y entrené en el CNAR. Conozco las condiciones desde el punto de vista del atleta y sé cómo un problema que parece pequeño puede crecer en la mente cuando estás bajo presión. Mi responsabilidad es reducir esas preocupaciones para que cada deportista pueda concentrarse en su trabajo.

Aunque esté quebrándome por dentro, siempre respondo: espectacular.

¿Qué parte de ti no siempre se ve desde fuera?

Soy una persona muy positiva. Cuando alguien me pregunta cómo estoy, suelo contestar “espectacular”, aunque esté triste, molesto o atravesando un momento difícil. Al decirlo, empiezo a sentirme mejor y encuentro una forma de seguir adelante.

Pero esa actitud también tiene un lado demandante. Muchas veces no expreso las tristezas, los enojos o las frustraciones. Me encierro, trato de resolver mis problemas solo y se los cuento a mis padres hasta que ya encontré una solución.

Esa acumulación es una de las partes más difíciles de mi experiencia. Me ha hecho entender que la mente puede convertir un problema pequeño en algo enorme y que cuidar la paz mental también forma parte del rendimiento y de la vida cotidiana.

Concéntrate en tu paz mental y en lo que depende de ti.

¿Qué consejo compartirías con los atletas jóvenes?

La mente puede convertirse en el principal obstáculo cuando alimenta las dudas o hace más grandes los problemas. Por eso es importante trabajar en ella con la misma constancia con la que se entrena el cuerpo.

También les diría que sigan preparándose. La carrera deportiva puede cambiar por una lesión, una decisión administrativa o una oportunidad inesperada. Estudiar permite responder con más herramientas cuando llega una etapa nueva.

El entrenamiento nunca termina porque la vida sigue.

¿Qué significa seguir entrenando después del retiro?

El entrenamiento cambia de forma. Antes consistía en repetir un clavado, mejorar una entrada al agua y llegar listo a una competencia. Hoy implica aprender a administrar, comunicar, escuchar, tomar decisiones y asumir la responsabilidad de que otras personas tengan mejores condiciones.

Ahora, la preparación académica acompaña una responsabilidad distinta: pasar de buscar su mejor puntuación a crear un entorno donde otros atletas puedan alcanzar la suya. La disciplina sigue presente, pero el resultado ya no se mide únicamente en puntos o medallas.


El entrenamiento es constante y nunca termina porque la vida sigue. Para Jahir, aprender es la manera de mantenerse preparado, incluso cuando el siguiente cambio todavía no se alcanza a ver desde el trampolín.

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